
Hace tiempo que dejé de ir a las peluquerías de hombres. El reclamo a rayas rojo azul y blanco, los periódicos deportivos, el Interviú, el viejo olor a colillas mezclado con aftershave y el suelo lleno de pelos, pertenecen ya al pasado. Un amigo me dijo que en una de aquellas tradicionales peluquerías de mi ciudad habían puesto a una chica para el lavado previo de la cabeza y que sentir sus dedos acariciando tus sienes era un sencillo y nuevo placer que no debía perderme.
Años después empezó a oírse que en las peluquerías de mujeres admitían a hombres pero como nunca he sido lo suficientemente atrevido para meterme en corral ajeno no las probé y tuve que esperar hasta que aparecieran peluquerías mixtas o simplemente peluquerías masculinas regentadas por mujeres.
Mi actual peluquera no distingue entre géneros a la hora del negocio pero de lo que sí se cuida mucho es de no mezclarlos. Da las horas con tanta precisión que en la peluquería casi nunca coincido con nadie, por lo que empiezo a pensar que ella convierte el corte de pelo en un asunto casi íntimo con sus clientes.
Contraviniendo sus buenas costumbres, hace un par de cortes de pelo me hizo esperar y cuando la llamé la última vez para pedirle hora le dije si esta vez iba a ser puntual. “Si no soy puntual me das unos azotes” – me respondió.
¡Glup! ¿qué? ¿he oído bien...?
No suelo hablar con ella más que de asuntos banales, aunque siempre me gusta decirle algo sobre su último peinado o ella corresponde diciendo lo bien (interesante, dice) que me empiezan a sentar las canas. Pero en el último corte de pelo, en el que por cierto, fue escrupulosamente puntual (ay), cuando le hablaba de mi afición al footing y lo bien que se duerme después de correr, ni corta ni perezosa me dijo que para dormir ella prefiere hacer antes otro tipo de deporte…
¿Qué hago yo…?
Nunca me había ocurrido algo así…
Yo me crié en peluquerías en las que sólo se hablaba de fútbol.
domingo 18 de mayo de 2008
LA PELUQUERA
miércoles 14 de mayo de 2008
BORDE
Al elegir “sexodos” como título para este blog, y ya que una de las razones por las que lo abrí era para ligar más y mejor que en la vida real, pensé que la duplicidad del “dos” pudiera sugerir algo así como el deseo de inventarme una segunda personalidad en la línea de lo que se hace en las webs de “second life”. Pero nunca fue esa mi intención. Primero, porque se me da muy mal la ficción, segundo, porque aborrezco la publicidad (¡y ya no digamos si es de uno mismo!), y tercero, porque hay que ser muy muy bueno para evitar que tarde o temprano acabe asomando en un blog la verdadera personalidad de uno. En un libro es más fácil esconderse porque tiene una extensión limitada y puede revisarse muchas veces antes de darlo a conocer. Pero un blog es algo tan cotidiano y extenso, espontáneo y directo, que sería imposible, al menos para mí, impostarme en él. Máxime, si además de escribir las correspondientes entradas uno se dedica a contestar a los visitantes y a salir por ahí de visita a otros blogs.
Lo que resulta curioso es que mientras que en los blogs de contenido político o en los de gente famosa los comentarios anónimos se pasan de rosca constantemente, con insultos, descalificaciones groseras, opiniones radicales, salidas de tono, etc. etc., en los blogs de sexo todo son “qué bonito”, “me ha encantado”, ¡qué bien escribes!, besos, besitos y todo tipo de parabienes. Como antes de meterme en los eróticos pululé por blogs de los otros y no pude soportar tanto anonimato e imbecilidad, cuando aterricé en los de sexo me pareció haber entrado en el cielo.
Pero claro, como el cielo no tiene mucho que ver con la vida y con el sexo, de vez en cuando me sale aquí la vena borde. No como la que se suele ver en los blogs políticos, no, tanto no, pero al fin y al cabo, borde también: con más frecuencia de lo que a mí me parece se me escapan frases cortantes, despectivas, engreídas, pedagógicas, o hasta reprimendas absurdas hacia gente que ni siquiera conozco.
“Si has hecho un blog para ligar usa tu inteligencia para ello –me dice mi ex- y no para demostrar que sabes de la vida más que los demás. En asunto de ligues, las mujeres podemos ponernos bordes (cuenta en tu blog –me dice-, lo bien que nos fue con aquella pareja con la que yo me puse borde… ja, ja, ja / otro día será que me estoy alargando), pero en los hombres es letal. Mira al pobre House. Le aguantan que sea borde porque les salva la vida a todos, pero jamás se va a comer una rosca. Ni con esos ojitos… pobre…”
sábado 10 de mayo de 2008
ENTRE DOS TIERRAS
Muchos creemos que entre la vida y la muerte hay algo turbador y misterioso, una cosa extraña que está ahí y que justifica la inexplicable transición entre lo uno y lo otro. Y como cada día vivimos una metáfora de ese tránsito al irnos a dormir, no es extraño que justo en ese momento mágico tratemos de entrar en contacto con ese algo o esa cosa tan desconocida y secreta.
No voy a decir cómo lo llama medio mundo (o casi el mundo entero), ni cuáles son las variantes de ese nombre que no quería tener nombre, ni qué nos enseñaban a hacer antes de irnos a la cama para tratar de entrar en contacto con él; pero como a ese algo o esa cosa se me ocurre a mí llamarlo sexo (aunque otros entiendan cosas distintas con esa palabra), cuando me voy a dormir y no tengo nada mejor que hacer… (ja ja ja), me leo siempre un par de páginas eróticas hasta situarme en ese delicioso lugar entre la vida y la muerte.
De llevarme el ordenador a la cama seguro que abriría vuestros blogs para encontrar en ellos eso que busco (en Maldita Inocencia o en los relatos domingueros de Nikki uno lo encuentra a las primeras de cambio), pero como el ordenador lo tengo en la mesa de trabajo y mayormente me lo tomo como un punto de relación, o me imprimo vuestros relatos para llevarlos junto a la almohada o tengo que recurrir al viejo invento de los libros.
Como esta semana ha sido muy ajetreada por la fiesta del cumple no he leído gran cosa, pero ayer viernes en que mi fiesta se acababa volví a mis oraciones nocturnas y leí una página en que una stripper contaba el cosquilleo que le hacía en el clítoris los veinte dólares que un cliente le había colocado en el tanga. Mmmmmm.
Y con ese cosquilleo (turbador y misterioso, mágico y delicioso) me dormí.
(no tengo foto de la stripper, pero la foto de la cama que he puesto arriba creo que es buena ilustración para lo que cuento hoy ¿verdad? La he puesto con su copyright y todo para que si no está de acuerdo el autor con mi uso, me lo diga y la retire yo inmediatamente).
lunes 5 de mayo de 2008
CUMPLE
Además, veo en mi archivo de carpetas que esta entrada de hoy hace la número 101, de modo que en el año de vida de SEXODOS he publicado exactamente 100 entradas. No me lo había propuesto, pero me ha salido así de bonito.
¿Cuántos blogs he conocido mientras tanto? Uy, no los he contado, pero creo que debería haberlo hecho. Al principio empecé a ponerlos en la lista de al lado pero luego me daba pereza quitarlos y ponerlos. En las carpetas de favoritos también tengo un ligero desorden: poetas, gente lista, amigos, amigas, bdsm, conocidos, íntimos, con correspondencia personal, de fotos, jovencitas, parejas, sumisas, spankers, promesas… y qué se yo que más.
¿Y cuántas personas he conocido directamente gracias al blog? Ahhh, esa es la pregunta del millón, eso sí que lo sé muy bien (y ellos también, ja, ja, ja) pero no lo voy a decir. Sólo diré que son unas pocas pero maravillosas personas, y que por el hecho de haberlas conocido personalmente doy por más que justificado y feliz este año de vida del blog.
Como a veces no acierto a expresarme, algunos piensan que yo escribo este blog para contactar con chicas, follar con ellas una noche y marcar en la vela una muesca más. Pero eso no es así. En realidad yo escribo este blog porque hace unos pocos años descubrí que el sexo es la ocupación que más me mantiene con vida, porque a mi-ex le gusta mucho que yo escriba tontadas sobre sexo, y porque así, de paso, alguna vez me gano un buen polvo con ella.
¡Ah! y porque si me lo gano con una nueva y estupenda amiga… ¡también le gusta mucho a mi-ex!
martes 29 de abril de 2008
PORNO ENEMIGO
Llevo algún tiempo empeñado en ver en el sexo mucho de dulzura, en tratar el sexo con buen humor y sobre todo en quitarle todo el dramatismo con que se veía tradicionalmente. Pero no por ello quisiera caer nunca en banalizar el sexo hasta hacer de él una frivolidad, un divertimento o un deporte. Esa doble y difícil tarea de tirar por la de en medio pasa por vivirlo, pensarlo y contarlo, pero también por leer o ver cómo lo viven y cuentan los demás.
Aparte de libros o blogs, el cine es el medio más potente de comunicación para hacerte una idea de cómo lo ven otros, y de entre los cines, el especializado en sexo, o sea, el porno, el más directo de todos. Tan directo es el porno que una amiga me dijo un día que ella no lo veía, sino que lo usaba. (Por cierto, aquella noche no necesitamos usarlo, ja, ja, ja).
El problema del porno es que es como una espesa jungla en la que apenas nadie ha puesto un poco de orden. Aparte de la media docena de títulos más famosos (por lo antiguo y rompedor), no hay forma de saber qué es lo que te vas a encontrar cuando vas al kiosko y escoges una peli porno, o cuando vas al emule y te bajas una. Como el finde pasado estaba yo hibernando, pues hice esto último y como todos los títulos me sonaban parecido de mal me bajé una que decía estar dirigida y producida por el famoso Rocco Sigfredi, cuyo nombre parecía ser una garantía.
Pues bien, no vomité de milagro. O mejor dicho, ojalá hubiera vomitado para quitarme de encima la repugnancia que me causó. Joder, si alguien ve esa peli y me dice después que le gusta el sexo, lo mío es la botánica. Los hombres eran peor que animales y para mí que las chicas sólo podían hacer lo que hacían drogadas hasta las cejas. El sexo te puede poner mucho pero para hacer las burradas que se hacían en esa peli (y perdón por los burros), o para darles el tono tan asqueroso y humillante que tenían, hacía falta estar muy colocado, y no precisamente de sexo.
No sé, podría deciros el título de la peli, pero da igual. No por ello se iba a aclarar la confusión que reina en este mundillo. Una confusión, creo yo, que le hace mucho daño al sexo. Tanto o más daño que el que le infligen sus enemigos tradicionales.
(Disculpad, pero hoy no me apetece poner ninguna imagen para ilustrar el post. Abro los álbumes de bellísimas fotos que voy cogiendo de aquí y de allá y todas me crean alguna duda…: ¡PUTA PELICULA DE MIERDA!).
viernes 25 de abril de 2008
DE CHICOS
Enrique me dijo el lunes pasado que no abría el ordenador el fin de semana. Yo por mi parte he comprobado que los posteos durante el fin de semana en estos blogs de sexo bajan mucho. Tanto bajan que hasta he pensado que están mal vistos: si uno se dedica a escribir o postear durante el fin de semana es que es un fracasado y que no tiene plan. El fin de semana es para acudir a una cita programada durante la semana, ir a una fiesta a la que te han invitado, a una disco o a un pub liberal. Y luego ya vendrá la semana que viene para contarlo y volver a hacer planes.
Empezar el fin de semana sin una cita o un plan es como meterte a la cama solo. Ya no puedes ni acudir a internet para consolarte compartiendo tus deseos y hacer planes a medio plazo. Lo mejor que puedes hacer es dormirte. O hibernar.
Este fin de semana creo que me voy a hibernar, sí. La culpa la tengo yo: cuando me da por filosofar un poco (¡vaya lío que me busqué por pensar en la indisolubilidad entre cuerpo y el texto!), las chicas, o me echan la bronca, o me ignoran y no me llaman. O me dicen que ya tienen otro plan si las llamo yo.
Menos mal que los chicos me dieron ánimos…
Mira, bien pensado…, igual no me hiberno y me voy de chicos. A veces me lo paso muy bien también…
(foto de Pierre y Gilles)
martes 22 de abril de 2008
CUERPO Y TEXTO
Quienes optamos por el sexo como alternativa a religiones o ideologías varias lo hacemos porque pensamos que la verdad está en el cuerpo, y que la búsqueda de esa verdad se hace cuerpo a cuerpo, mirada a mirada, sensación a sensación.
Parece por tanto un contrasentido que nos pongamos a escribir a lo lejos en medios tan inmateriales como este de internet que casi casi nos permite ser espíritus puros.
Craso error: equivocar los textos con la defensa personal. Uno tiene derecho a defenderse de la intromisión de extraños, cretinos, delincuentes o gente mala, pero eso no quiere decir que los textos puedan viajar solos. Y menos, los textos sobre sexo. Los de religión o ideologías, quizás, pero los de sexo no, en absoluto: los argumentos de sexo son los argumentos de nuestro cuerpo. Lo contrario es hablar del sexo de los ángeles.





